Juan 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

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Marcos 1:10 Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía sobre él. 11 Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.

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2 de Timoteo 3:15 Y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.

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2 de Timoteo 3:16 Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia,

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2 de Timoteo 3:17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

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1 de Corintios 7 1 En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le sería al hombre no tocar mujer; 2 pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido.

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Santiago 1: 12 Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.

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27 EL MILENIO

63. EL MILENIO



MI ATENCIÓN se dirigió nuevamente a la tierra. Los impíos habían sido destruidos y sus cadáveres yacían sobre ella. La ira de Dios, manifestada mediante las siete plagas, se había derramado sobre los habitantes de la tierra, induciéndoles a morderse las lenguas de dolor y a maldecir a Dios. Los falsos pastores habían sido objeto especial de la ira de Jehová. Sus ojos se habían consumido en sus órbitas y sus lenguas en sus bocas mientras aún estaban de pie. Después que los santos fueron librados por la voz de Dios, los impíos encauzaron sus iras los unos contra los otros. La tierra parecía inundada de sangre y cubierta de cadáveres desde uno al otro confín.

El planeta parecía a un desolado desierto. Las ciudades y los pueblos, sacudidos por el terremoto, yacían en ruinas. Las montañas, removidas de sus lugares, habían dejado en su sitio grandes cavernas. Sobre toda la superficie de la tierra estaban esparcidos los peñascos que había lanzado el mar o que había arrojado la tierra misma. Corpulentos árboles desarraigados estaban tendidos por el suelo. Este será por mil años el hogar de Satanás y de sus ángeles malos. Allí quedará confiado para recorrer la destruida superficie de la tierra y para evaluar las consecuencias de su rebelión contra la ley de Dios. Durante mil años podrá gozar del fruto de la maldición que ha producido.

Sin poder salir de la tierra, no tendrá el privilegio de ir a otros planetas para tentar y molestar a los que no han caído. Durante ese tiempo Satanás sufrirá muchísimo. Desde la caída sus malos rasgos han estado en constante ejercicio. Pero entonces será privado de su poder y abandonado para reflexionar en el papel que ha desempeñado, y para presentir con temor y temblor su espantoso porvenir, cuando tendrá que sufrir por todo el mal que llevó a cabo y ser castigado por todos los pecados que hizo cometer.

Oí exclamaciones de triunfo de parte de los ángeles y de los santos redimidos, que resonaban como diez mil instrumentos musicales, porque ya Satanás no los molestaría ni los tentaría más, y porque los habitantes de los otros mundos habían sido librados de él y de sus tentaciones.

Después vi tronos, y vi que Jesús y los redimidos se sentaban en ellos, y que los santos reinaban como reyes y sacerdotes de Dios. Cristo, junto con su pueblo, juzgó a los impíos muertos, comparando sus acciones con el libro de estatutos, la Palabra de Dios y fallando cada caso según lo hecho en el cuerpo. Después sentenciaron a los impíos a la pena que debían sufrir de acuerdo con sus obras, la que quedó escrita frente a sus nombres en el libro de la muerte. También el diablo y sus ángeles fueron juzgados por Jesús y los santos. El castigo de Satanás debía ser mucho mayor que el de aquellos a quienes engañó. Su sufrimiento será tan grande que no se podrá establecer comparación alguna con el de ellos. Después que perezcan todos los que engañó, el enemigo continuará viviendo para sufrir por mucho tiempo más.

Cuando terminó el juicio de los impíos muertos, al final del milenio, Jesús salió de la ciudad seguido por los santos y una comitiva de ángeles. Descendió sobre una gran montaña que, tan pronto como él posó los pies en ella, se partió convirtiéndose en una dilatada llanura. Entonces alzamos los ojos y vimos la grande y hermosa ciudad con doce cimientos y doce puertas, tres en cada lado, y un ángel en cada una. Exclamamos: "¡La ciudad! ¡La gran ciudad! Está descendiendo del cielo, de Dios". Y bajó con todo su esplendor y deslumbrante gloria, y se asentó en la vasta llanura que Jesús había preparado para ella.

El Milenio

Tomado de:

COLECCIÓN:
Espíritu de Profecía
LIBRO:
LA HISTORIA DE LA REDENCIÓN
CAPÍTULO:
63. EL MILENIO

 

El Milenio

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El milenio es el reinado por mil años de Cristo y los redimidos en el cielo, entre la primera y la segunda resurrección. Durante este tiempo, los impíos serán juzgados. La tierra estará completamente desolada, sin habitantes humanos, siendo ocupada por Satanás y sus ángeles. Al cierre Cristo y sus santos y la santa ciudad descenderá del cielo a la tierra. Los impíos muertos serán entonces resucitados y junto con Satanás y sus ángeles rodearán la ciudad, pero el fuego de Dios los consumirá, purificando la tierra. El universo así será librado del pecado y los impíos para siempre.

Apoyo Bíblico: Apocalipsis 20 1Corintios 6:2,3 Jeremías 4:23-26 Apocalipsis 21:1-5 Malaquías 4:1 Ezequiel 28:18,19

 

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